14 abril, 2012

LA NUEVA ESPAÑA 14-04-12 Espantar al diablo La vuelta a las carracas de Viernes Santo

JOSÉ DE ARANGO
El cura del pueblo colocaba el banco de madera más recio que hubiese en la iglesia frente al altar mayor, y cuando terminaban los oficios de la tarde del Viernes Santo, a una señal suya, los feligreses más jóvenes ponían en marcha sus carracas y los que no la tenían utilizaban una estaca para golpear el banco y producir el mayor ruido posible. El fin era espantar al diablo o, en todo caso, para dejarle con los tímpanos hechos puré. Esa tradición ha ido en declive, hubo cambios en los oficios propios de la Semana Santa y ahora los jóvenes en vez de pasar por la iglesia agarran el coche y se van de discoteca.
Ya no se espanta al diablo y puede que de ahí venga la proliferación de actos no muy santos ni recomendables que llegaron incluso a los pueblos y que entran en colisión con los mandamientos de la Iglesia, que, entre otras cosas, penalizan con el fuego eterno los robos, la provocación de incendios -destrucción de bienes ajenos- y por ahí para adelante. Al diablo ya no se le espanta ni en la tarde del Viernes Santo y así ocurre que hasta la propia Iglesia, como institución, es víctima de esa gran familia de diablillos que pululan por ahí y que entraron a robar en la parroquial de Mallecina de Salas, en el cementerio de Villazón, que desmontaron y se llevaron hace dos o tres años la campana de la ermita de Santa Bárbara del pueblo también salense de Borducedo y más recientemente se alzaron con bronces y otros adornos de los panteones del cementerio de Puentevega de Pravia.
Y por lo que puede apreciarse los diablos que cometieron todos estos actos de sacrilegio deben de estar bien protegidos por su jefe, el diablo mayor, porque las fuerzas del orden público nunca los llegaron a identificar y detener. Se comenzó por no darle la paliza al diablo en la tarde del Viernes Santo, con un estruendo mayor que la descarga de Cangas del Narcea el día del Carmen y las consecuencias son que el diablo y su prolífera familia andan por ahí campando a su libre albedrío, prendiendo fuego a los montes y hasta robando muelas de molino, que pesan lo suyo.
Tal como van las cosas, con alarma social por los pueblos ante las frecuentes incursiones de los aprendices de diablo que comienzan forzando la cerradura de una casa y a lo mejor acaban robando mientras los moradores de la misma duermen a pierna suelta, como acaba de suceder en Porceyo de Gijón, parece llegado el momento de ir planteándose, para la próxima Semana Santa, volver a las carracas, que se siguen construyendo porque en el mercado de los martes de Salas las hay a la venta y a la vez ir cortando avellanos de buen grosor. Pero hay tantos diablos por ahí sueltos que va a ser difícil que se fabriquen suficientes carracas.

http://www.lne.es/occidente/2012/04/14/espantar-diablo/1227597.html

1 Comments:

Anonymous Nauzet said...

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

10:11 p. m.  

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