27 octubre, 2005

LA NUEVA ESPAÑA 27-10-05 | Carta abierta al señor Alberto Lavandeira

CELSA DÍAZ
El otro día mi vecina me trajo unas berzas de su semillero para plantar en mi huerta, pero, al abrir el paquete, me encontré unas plantas más bien mustias y «secañosas». Al preguntarles por su estado, me contaron que venían leyendo en la página del periódico atrasado en la que estaban envueltas unas declaraciones publicitarias respecto a la nueva balsa de lodos de Belmonte, hechas por la empresa Río Narcea Gold Mines y el señor Lavandeira.

Alarmada ante el deplorable estado en el que estaban, decidí leer el contenido de dichas declaraciones y me he quedado en una situación similar a la de las pobres hortalizas.

Señor Lavandeira:
¿Qué bajo concepto de la inteligencia le ha llevado a emitir tal sarta de burdas «simplonadas» publicitarias? ¿Qué suerte de desesperación le obliga a utilizar tan antigua y desprestigiada técnica de mentira? Porque no hay peor mentira que las medias verdades.

Ha entrado usted en el peligroso juego de la relatividad interesada, del «prácticamente» y el «casi». Peligroso, puesto que su inconsistencia es como arenas movedizas en las que puede usted hundirse.

Si dice que la nueva balsa es perfecta respecto a la antigua, significa, por tanto, que la anterior no lo es. ¿Podemos sentirnos entonces seguros? ¿Qué grado de perfección tendrá esta nueva balsa respecto a otras?

Veamos. Dice que una concentración de cianuro de 0,5 miligramos por litro es casi la legal para el consumo humano. Incluso yo -que soy de letras- me doy cuenta de que realmente es más del doble del máximo permitido (0,2 miligramos por litro). Podemos decir sin sonrojo que es casi el triple. Juguemos, señor Lavandeira, juguemos.

En efecto, existe una pequeña cantidad de cianuro en las manzanas y las peras, concretamente en las pepitas, justo lo que no nos comemos. Es verdad que existe cianuro en las almendras, especialmente en las amargas, y resulta que, a pesar de su baja concentración, no son inusuales los envenenamientos de niños por el consumo de estas semillas.

Supongamos que la concentración de cianuro de los lodos sea tan baja como la de las pepitas de manzana y pongamos que, por lo alto, estas semillas tienen un volumen de 0,25 mililitros. Para llenar su balsa de 4.700.000.000 litros harían falta 18.800.000.000.000 (es decir, 18,8 billones «con b de burrada») de pepitas de manzana. Según usted el río Narcea admitiría sin ningún problema esta cantidad de inocuas pepitas.

Cuando desmitifica el peligro de una sustancia, con el argumento de que existe en muchos entes y estructuras naturales, me hace imaginar a Oppenheimer diciéndoles a los habitantes de Hiroshima que el uranio no es peligroso porque se encuentra en muchas rocas.

Dice usted que según el estado actual de la legislación estos lodos podrían verterse directamente al río. No conozco la legislación, pero cualquiera sabe que la peligrosidad de un vertido no sólo depende de la concentración, también cuentan el volumen y el caudal. Me imagino que la legislación actual permite a un niño orinar en el río. Si suponemos la capacidad de la vejiga urinaria de un niño igual a la de un adulto (350 centímetros cúbicos), que es mucho suponer, harían falta 13.428.571.428 niños (trece mil millones y pico, más del doble de la población mundial, con chinos y todo) para llenar su balsita ¿Qué pasaría si todos estos tiernos infantes decidieran orinar simultáneamente y en el mismo punto del Narcea?

Para rematar, nos tranquiliza diciéndonos que el cianuro no es cancerígeno. Claro que no, el peligro del cianuro es su gran toxicidad.

«Mirusté», le voy a poner un polvorín al lado de casa. Pero no se preocupe, que la dinamita no es cancerígena.

¡Coime, no! La dinamita explota.

Espero, por su bien, que llevado por su celo tranquilizador no llegue a emular a Fraga en Palomares.

Pero, señor Lavandeira, después de todas esas risibles fanfarronadas de chigre, resulta muy doloroso como utiliza a los trabajadores, haciendo pender sobre ellos la amenaza del despido por culpa de cuatro ecologistas y cuatro «señoritos», apareciendo usted como el paladín salvador. Tristemente esto me recuerda la situación vivida en Aznalcóllar cuando después del enorme vertido de una balsa de lodos, Boliden lanzó a sus trabajadores a la calle, con el pretexto de defender sus puestos de trabajo, ocultando oscuros fines. Pocos meses después tan maternal empresa no tuvo ningún empacho en desaparecer dejando en el paro a sus 425 mineros, y sin pagar la indemnización por su crimen ambiental. ¿Donde se escondería si algo así sucediera, señor Lavandeira? ¿En qué galaxia ocultaría su traición?

A pesar de mis desvelos, no consigo que mis berza