03 julio, 2010

LA NUEVA ESPAÑA 03-07-10 Salas: La batalla por la dignidad

Por Luis Arias
Monasterio de Cornellana que, contando con partida presupuestaria para su rehabilitación, sigue deteriorándose sin que se sepa cuándo se van a iniciar las obras, aunque se teme que la cosa, cómo no, vaya para largo. Autovía de la Espina que, pasado aquel “horizonte de 2009″ del que se habló en la anterior Legislatura, ni siquiera se puede contar con 2011 como tope como anunciara Pepiño Blanco antes del tijeretazo de Zapatero. Añádase a todo ello el corte de carretera entre Cornellana y Salas a la altura de Villazón. ¡Qué panorama, Dios mío, qué panorama!

En una información que se distribuyó por los buzones del concejo sobre las obras acometidas en los últimos tiempos en el municipio, el primer edil, en un alarde de síntesis asombroso, se remontaba al “Homo erectus” para explicar, con una economía de palabras llamativa, sus antropológicas concepciones sobre el funcionamiento social. Lo que entonces no se podría imaginar el Alcalde de Salas era que, sin necesidad de remontarse a tan remotos tiempos, los hados se iban a conjurar de este modo contra nuestro concejo. No hubiera estado mal que nos deleitase hablando de los hados, seguro que sus aportaciones no tendrían desperdicio.

¿Quién le iba a decir a nuestro regidor que las cosas iban a discurrir de esta guisa? Y es que en una entrevista publicada a últimos de 2009 en LA NUEVA ESPAÑA, el primer edil salense decía que, dado que se contaba con que se abriese el tramo Grao- Doriga para principios del año en curso, la capital del concejo estaría a poco más de 20 minutos de Oviedo. Pero, hete aquí, que resulta que esos 20 minutos se tardan ahora entre Cornellana y Salas tras el corte de la Nacional 634 en Villazón. ¡Ay!

Quisiera llamar la atención sobre el momento que vive el concejo de Salas, empezando por recordar, como hacía este periódico, que, cuando se empezó la autovía de la Espina, los más pesimistas barajaban que podría estar en servicio a finales de 2006. Y es que nos hemos acostumbrado tanto a previsiones fallidas que nuestro escepticismo se está empezando a convertir en indignación.

Recordé en más de una ocasión en esta misma columna que en las elecciones autonómicas y municipales de 2007, se hablaba de llevar esta autovía, como mínimo a Ponferrada, hubo incluso quien la quiso alargar hasta Lisboa. Pues bien, lo cierto es que, a día de hoy, estamos a punto de inaugurar el tramo Grao- Doriga, y gracias.

Convendrán conmigo en que, si esto no es una tomadura de pelo, se parece mucho a ello.

Y, hablando de tomaduras de pelo, o, si se prefiere decirlo con mayor suavidad, de continuas desconsideraciones, a propósito del problema surgido en Villazón, alguien tendría que explicar por qué en el mismo momento en que se cortó un carril y se instaló un semáforo, no comenzaron las obras correspondientes en lugar de esperar al desastre que acaba de producirse.

Se habla de los trastornos y de las pérdidas económicas que están sufriendo las empresas radicadas en el concejo; se habla también de las incomodidades que sufren los ciudadanos que se desplazan a Salas.

Pero, al final de todo, hay algo que inexplicablemente no se aborda en toda esta casuística, y es preguntarse por la responsabilidad política contraída por dejadez, o por omisión.

Ciertamente, es difícil admitir que no hubo dejadez, que lo acontecido fue inevitable. Y, en el más favorable de los supuestos, todo ello tendría que ser explicado.

Casi nadie tiene en cuenta que, además, hay un factor añadido en el sentir colectivo. Estas comarcas conservan la memoria de lo que pudo haber sido y no fue, concretamente del proyecto de unir Cangas del Narcea con Pravia por ferrocarril, cuyas obras se iniciaron y quedaron inconclusas en plena posguerra. No digo, claro que no, que algo así volverá a repetirse, pero sí pongo de manifiesto que, tal y como transcurren las cosas, ese mal recuerdo se aviva.

Miren ustedes, aquí el busilis de todo está en la autovía Oviedo- La Espina, en una autovía llamada a poner fin a unas comunicaciones deficientes que tuvieron a estos contornos aislados durante mucho tiempo. Aunque fuese tardíamente, la ilusión que supuso ese proyecto fue grande, pero muy pronto empezó a verse que las cosas transcurrían entre retraso y retraso, hasta el extremo de que ni los más entusiastas podían conceder credibilidad a los plazos que, continuamente, se iban alargando.

Lo que aquí se siente son siglos de soledad, lo que aquí se siente es desconsideración, lo que aquí se siente es desinterés, y eso está yendo continuamente a más.

En vísperas de la apertura del tramo Grao- Doriga, la carretera nacional por la que se accede a la capital del concejo se hunde tras un periodo de cinco meses en que lo único visible que se hizo fue instalar un semáforo. Mientras, el resto de la autovía no hace más que demorarse.

Y esto, además de las consecuencias económicas que tiene, supone un fuerte mazazo en un concejo que no puede no sentirse abandonado y que no deja de preguntarse si, por parte de todas las instituciones, se presionó lo necesario para evitar el actual estado de cosas en que nos encontramos.

Aquí donde se pierde población, donde el aislamiento parece no acabarse, donde el abandono va a más, queda una batalla por librar, por cierto, muy importante; la de la dignidad que, con todo, resiste a los argayos y a los socavones. Estamos solos en esa batalla. Pero estamos.

http://blogs.lne.es/luisarias/2010/07/03/salas-la-batalla-por-la-dignidad/#comment-3841