23 agosto, 2009

LA NUEVA ESPAÑA 23-08-09 Ser vaqueiro, un ejercicio de fe

La falta de infraestructuras y de oportunidades, el envejecimiento y el abandono de la Administración han puesto contra las cuerdas a la población de las brañas del occidente asturiano


Clamando por la igualdad de derechos. Manuel López, vecino de Gallinero (Salas), advierte de que muchas brañas aún carecen de servicio de recogida de basuras.
IGNACIO PULIDO
Dureza y adversidad son dos palabras íntimamente vinculadas al sentir vaqueiro. Acostumbrado desde sus ancestrales orígenes a capear el temporal, este colectivo afincado en el terreno comprendido entre los concejos de Valdés y Somiedo vive inmerso en una complicada situación marcada por el éxodo rural, el déficit de infraestructuras y servicios básicos, la crisis del sector ganadero y la falta de perspectivas de futuro. Por si esto fuera poco, a pie de braña se advierte de que las compañías energéticas están «asaltando» sus montes, heredados de padres a hijos durante siglos, sin que las administraciones hagan nada. Ser vaqueiro es hoy más que nunca un ejercicio de fe donde el turismo rural y la conservación de las tradiciones se plantean como posible futuro para las generaciones venideras.

Campos eólicos de última generación frente a casas sin televisión. José Garrido, habitante de Cipiello (Cudillero), denuncia, escritura en mano -mientras su hermano Manuel lo observa, al fondo-, que las eléctricas han instalado molinos de viento en montes de su propiedad sin permiso. Entre tanto, un gran número de brañas aún carece de televisión, como pasa en su hogar.
A lo largo de las últimas décadas la población de las brañas ha envejecido considerablemente. «Los pobladores de las brañas son en su mayoría personas de avanzada edad. Durante el siglo XX se produjeron dos grandes emigraciones: una hace cien años y otra tras la Guerra Civil», comenta Gonzalo Gayo, presidente de la Asociación Cultural de los Vaqueiros de Alzada. Un ejemplo concreto de esta diáspora se encuentra en la braña valdesana de Argumoso. «De las veintiocho casas que hay en ella, tan sólo permanecen abiertas todo el año siete y tan sólo dos se dedican a la ganadería. Aunque no se quiera reconocer, estamos ante una nueva realidad», lamenta Gayo.

Expoliados a la puerta de su casa. Dámaso Riego afirma, a pie de la Venta de Carlones en El Aguión (Salas), que los montes de los vaqueiros están siendo asaltados.Según los vaqueiros, la falta de infraestructuras es la necesidad más perentoria con la que se enfrentan cada día. Manuel López, vecino de Gallinero (Salas), señala que «los caminos se arreglan tarde, mal y nunca».

Ocho décadas de vida en la braña. Dionisio Cano, vecino de Buscabreiro (Salas), afirma que los políticos tienen abandonados a los vaqueiros desde hace muchos años.«Hace unos años, cuando se instaló el gasoducto no se preocuparon por reparar los viales dañados por las palas. Ahora, está sucediendo lo mismo con los molinos eólicos», comenta López, quien apunta que desde hace cuatro años solicita contenedores de basura al Ayuntamiento salense sin obtener respuesta. «Nos dicen que bajemos la basura en coche», espeta su hijo Manuel, que explica que la única alternativa con la que se encuentran no es otra más que «quemar los residuos de noche o cuando hay niebla, arriesgándose a ser multados por la Guardia Civil».

El turismo como puerta hacia el futuro. Vidal Menéndez, vaqueiro de la braña de Buscabo (Salas), cree necesario atraer a visitantes y recuperar las casas abandonadas.
En plena era de las nuevas tecnologías, brañas como la pixueta de Cipiello carecen de televisión. «Estamos instalando una antena con nuestro dinero para poder ver TVE-1 y La 2», subraya Julián Tapiz. El valdesano Tomás Castro, natural de Lendepeñas, reseña que brañas como Arcallana, Las Murias, Brañarronda, Gamotosa y su propio pueblo natal ven sólo estos canales. «Hay reclamaciones desde hace una década».

La braña de Gallinero, en el concejo de Salas.
Del mismo modo, cabe mencionar que durante el verano las brañas situadas en los puntos más altos suelen sufrir problemas de escasez de agua. «Hay muchos manantiales, pero durante las secas, en los altozanos, a veces escasea este bien. En Cudillero y Pravia los ayuntamientos llevan agua a los depósitos con una cuba, pero en el caso de Salas somos nosotros los que tenemos que cubrir ese servicio», manifiesta Tomás Castro.
Durante la última década, los campos eólicos se han multiplicado en las estribaciones del occidente asturiano. Los hermanos José y Manuel Garrido advierten de que alguna de estas instalaciones está siendo erigida en terrenos que pertenecen a los vaqueiros. «La compañía energética instaló los molinos en el monte de Busfrío y en Lindepín con el permiso del Ayuntamiento de Cudillero y sin nuestro consentimiento. Estas tierras pertenecen a cuarenta y siete propietarios desde 1906», explica. Señala que no se opone a las energías renovables si son necesarias, pero exige una prestación a cambio mientras blande la escritura de sus terrenos. «Según me informé, el Consistorio está cobrando por estos molinos y nosotros no estamos viendo ni un duro». Dionisio Cano y Dámaso Riesgo denuncian una situación similar en el concejo de Salas. «Parte de nuestros montes fueron expropiados durante la guerra. Con la transición nos fueron devueltos algunos y ahora están siendo asaltados de nuevo», comentan. «Los eólicos no dejan un euro en la braña, es de vergüenza», sentencia Gonzalo Gayo.
Al igual que sucede en el resto del campo asturiano, la crisis está azotando con saña a la ganadería, una de las fuentes económicas del vaqueiro. En las brañas, cada vez son menos los que optan por este modo de vida y las cuadras se dedican exclusivamente al ganado cárnico. Desde hace tres años, los vaqueiros han constatado un gran incremento de la población de lobos. «La ganadería se está viendo afectada por este fenómeno. Cada semana matan alguna oveja o algún potro», lamenta Manuel Garrido.
Respecto a la marca Comarca Vaqueira, la respuesta generalizada entre los habitantes de las brañas es la indiferencia. «No hemos visto ningún beneficio relativo a este proyecto. Deberían recuperarse las casas abandonadas y atraer el turismo», propone Vidal Menéndez, de la braña de Buscabo. Por su parte, José Feito, vecino de Lavio, precisa: «Los beneficios de la Comarca Vaqueira deberían destinarse a mejoras en las brañas, pero no se ha invertido nada en turismo, sólo en molinos y en subestaciones. Nos han expropiado todo y ahora queda que empleen nuestro nombre en una marca turística».
Gonzalo Gayo sostiene que es hora de que el Principado ponga en marcha un plan vaqueiro, al igual que sucedió con la minería. «Al Gobierno de Asturias sólo le llega lo que le transmiten los ayuntamientos y por eso seguimos condenados», matiza. Apuesta por presentar proyectos específicos a Bruselas. «El objetivo prioritario de la Unión Europea es el mundo rural. Si el mundo vaqueiro desaparece, el Principado perderá parte de su historia». Acto seguido, deja ver un halo de esperanza: «Si hemos esperado cuatrocientos años para que se haga justicia, estoy seguro de que lo conseguiremos».
Según Gonzalo Gayo, el índice de población en las brañas ha descendido en torno a un ochenta por ciento. El presidente de la Asociación Cultural de los Vaqueiros de Alzada hace referencia a un estudio del Instituto Nacional de Estadística que advierte de que en torno a un cincuenta por ciento de los apellidos vaqueiros ya se ha extendido por toda España e, incluso, por el extranjero.
«La mayoría de los vaqueiros está fuera de Asturias. Apellidos como Garrido, Parrondo y Gayo están presentes en todo el país. Otros, en cambio, como es el caso de Feito, han permanecido en una mayor medida presentes en el territorio del Principado», explica Gayo. Sirva como anécdota: el tenista Fernando Verdasco, el oscarizado Gil Parrondo y el pintor Luis Feito tienen sus raíces en las brañas del norte de la Península.
La falta de oportunidades en las montañas ha propiciado un éxodo rural alarmante. Pocos son los jóvenes que apuestan por este modo de vida. El abandono progresivo de los núcleos vaqueiros está dando lugar a que en caseríos donde antaño vivían decenas de familias ahora la cifra se haya reducido incluso a menos de cinco vecinos. Decenas de ejemplos de arquitectura tradicional se están perdiendo a causa de esta diáspora.
Ante todo, los vaqueiros claman por justicia social y por alternativas económicas que ayuden a fomentar un regreso a las brañas. Del mismo modo, personas como José Feito, experto en desarrollo económico vinculado al territorio y a la cultura, abogan por la necesidad de crear un foro de asociaciones vaqueiras debidamente acreditadas.
Hace apenas una semana, un grupo de personas compuesto por nueve vaqueiros, entre los que se encuentra Feito, firmó un escrito en el que se estimaba necesaria la creación de «un consejo de cultura vaqueira, adecuadamente legitimado y destinado a crear un auténtico museo de la cultura vaqueira asesorado por expertos solventes». Del mismo modo, Feito considera necesario velar por el «uso correcto del término vaqueiro». Finalmente, se propone la organización de un encuentro anual de los vaqueiros.
Por su parte, la Asociación Cultural de los Vaqueiros de Alzada no sólo considera imprescindible la adecuación y la creación de infraestructuras en las brañas, sino que también exige que se incentiven el turismo rural y el desarrollo de cultivos ecológicos. La creación de talleres de formación para recuperar los inmuebles o el fomento de pequeñas industrias alimentarias.