01 abril, 2009

LA NUEVA ESPAÑA 01-04-09 Los huérfanos de la victoria

Gijón, J. MORÁN
La victoria llegó cargada de huérfanos. No sólo por los padres fallecidos en la contienda, sino también por las criaturas separadas de sus familias. Una de la sombras que aún se proyecta sobre el presente, 70 años después del final de la Guerra Civil -aniversario que hoy mismo se cumple-, es que «lo rojo se heredaba, según informes del doctor Vallejo-Nájera, y por ello miles de niños fueron separados de sus madres después de la guerra para reeducarlos o darlos en adopción a otras familias. Terrible, terrible». Lo lamenta Luis Miguel Cuervo, ex presidente de «Todos los Nombres», entidad que investiga sobre la represión franquista y entre cuyos objetivos se halla también el de esclarecer el destino de niños asturianos entregados a familias ajenas.
Por lo pronto, unos 9.000 niños españoles fueron recluidos en instituciones de infancia en 1942. Esta cifra ascendió a 12.000 al año siguiente, según la obra «Los niños perdidos del franquismo». Además de las estadísticas oficiales, hubo numerosos casos de infantes perdidos o secuestrados. Recientemente, un auto del juez Garzón hablaba de los niños «que fueron parte de las víctimas del franquismo, hijos de presos cuyos apellidos fueron modificados para permitir su adopción por familias adictas al régimen».
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Otro caso asturiano estremecedor es el de Amelia Pérez, vecina de Salas, que lleva décadas buscando a sus dos primas, gemelas. «Mi tía, la madre de las gemelas, Margarita Pérez Argüelles, y su madre, es decir, mi abuela, Josefa Argüelles, estuvieron presas en Salas. Mi tía estaba en estado y la llevaron a dar a luz en el Hospital Provincial de Oviedo, en 1938, y después las llevaron a la cárcel de Saturrarán», en Motrico, Guipúzcoa. «Allí estuvieron cuatro o más años».
Amelia relata que «al mes de tenerlas, le quitaron las gemelas y no las volvieron a ver más». Tiempo después, «en 1941, fue mi madre a Villapedre, Navia, donde había un orfanato, porque la jefa de ese sitio le dijo que se las podían devolver a la familia si tenían cómo mantenerlas, pero no se las devolvieron. En 1961 nos dijeron que habían muerto», agrega.
Durante lustros, la propia Amelia realizó sus pesquisas. «Hace tres o cuatro años volví a Villapedre y me dieron unas señas de una señora que vivía en Gijón. Le fui a preguntar y me dijo que en Villapedre había visto cuando la guerra unas gemelas que eran guapas, y le pregunté si se daba cuenta de que una era rubia y la otra morena, y ella me dijo que de eso no se daba cuenta porque tenían el pelo muy cortado». Tampoco pudo encontrar rastros «ni en los archivos del Hospital General, porque nacieron allí y estaban bautizadas, ni en la iglesia de San Juan, ni en el Obispado». Pese a todo, Amelia Pérez trata de explicarse lo sucedido: «Mi madre siempre dijo que seguramente las cogió un jefe de los que estaban por allí; las nenas eran guapas y buenas».
En el presente, «solamente queda la esperanza de que surja alguna noticia después de publicarse su caso», comenta Víctor Luis Álvarez, a lo que Luis Miguel Cuervo agrega que «es muy difícil encontrar a las gemelas, salvo que ellas vean esto en la prensa y se den cuenta; pero quizá no sepan ni que son adoptadas, y también pudieron darlas en adopción por separado».
No obstante, «ya ha habido casos de recuperación de personas que fueron niños en la cárcel de Saturrarán, que es donde estuvieron muchas mujeres asturianas», explica Cuervo.
A Saturrarán «llevaban a las mujeres que consideraban más políticas, y robaron muchos niños». El dato más trágico habla de «una semana en concreto en la que desaparecen o mueren 16 niños. Los responsables de la prisión dijeron que fue a causa de una vacuna que estaba en malas condiciones, pero las madres aseguraron que no pudieron ver los cadáveres de sus hijos. Incluso hubo casos de mujeres vascas que años después encontraron a esos hijos», subraya el investigador.
Respecto a Villapedre, en Navia, «hubo un hospicio sobre el que hemos tratado de investigar a raíz del caso de las gemelas, pero el juez no nos dejó acceder al Registro Civil», señala Cuervo. No obstante, «sí sabemos que era un hospicio al que iban los niños más pequeños, como una especie de delegación del Hospicio Provincial, el que había en lo que hoy es el hotel de La Reconquista».
Luis Miguel Cuervo concluye con un dato dramático: «En el libro de defunciones del cementerio hay 200 niños muertos desde el 21 de octubre de 1937 hasta el año 1939; muchos pudieron morir por malas condiciones, pero otros probablemente fueron dados por muertos para hacerlos desaparecer con una partida de defunción falsa».